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Calidad de la educación en los institutos de Torrejón

Calidad de la educación en los institutos de Torrejón

LA EDUCACIÓN A DEBATE

Hoy me estreno con un artículo sobre algo que interesa mucho estos días: la educación en el ámbito de Torrrejón, y la calidad de enseñanza en sus institutos. He postergado el asunto varias semanas y comenzado el artículo cinco o seis veces sin conseguir terminarlo. Verán ustedes, no es que no quiera mojarme, es que estoy harta de tanta competitividad inútil.

No es complicado hacer un análisis sobre los centros educativos en el municipio. Hay siete institutos de educación secundaria públicos –cuatro de ellos bilingües-, seis concertados y uno privado diseminados por la ciudad. Supongo que el hecho de que exista la misma cantidad de centros privados -financiados por todos- que públicos no es casual. Implica una apuesta clara por la educación concertada. En el Soto, esto lo saben bien, porque llevan ocho años pidiendo que se construya un instituto público sin éxito mientras asisten a la cesión de terreno público para la construcción o ampliación de los concertados. Y, mientras, se masifican las aulas de los públicos cuyas familias pagan con sus impuestos para que sean otros –con una renta algo superior a la de ellos- sean los que disfruten de las nuevas instalaciones del concertado.

Entonces, ¿es mejor un concertado que uno público? Depende de para quiénes y de cuáles sean sus criterios de lo que es bueno y lo que es malo.

Instituto Valle Inclán

Os contaré el caso de lo que le pasó una vecina de Torrejón unos años atrás. Ella, harta de las continuas huelgas de profesores tras los recortes en educación, decide, en vez de apoyarlas, llevar a su hijo al Humanitas, que es un centro nuevo y le han dicho que está muy bien. Ella no es una persona de alto nivel adquisitivo, pero su hijo tiene problemas de déficit de atención y un retraso madurativo de dos años, y ella haría cualquier cosa por que su hijo mejore. Una vez allí, este experimenta lo que nunca antes había sufrido: acoso escolar. Sus “compañeros”, que observan que él es diferente, le pegan e intimidan. Este, avergonzado, calla. Cuando los padres se enteran, acuden al colegio, pero el personal de centro, no se compromete a erradicar la violencia. El principal acosador era un niño a quien habían expulsado de varios centros públicos por violencia; y los padres, hartos de tener que dar explicaciones por la conducta de su hijo, habían decidido matricularle en un concertado. A ver si allí le “controlaban” más o, al menos, los profesores les daban menos “la barrila”. A nivel educativo las cosas no le iban mejor. Aunque su madre había informado en una entrevista personal de las dificultades de su hijo y había llevado los informes médicos, Orientación no informó a los tutores ni al resto de los profesores, no le hicieron ningún tipo de adaptación pedagógica ni modificaron el sistema de evaluación. Este alumno se esforzaba como nunca he visto esforzarse a nadie y, aunque estudiaba mucho, suspendía porque contestaba cosas que no tenían relación con la preguntas. No comprendía bien los enunciados. Al final le invitaron a marcharse y puedo decir que este año ha superado las materias de 4º ESO y conseguido el título en IES Valle Inclán. Así que supongo que para esta familia el Humanitas no merecería la mejor de las calificaciones.

Si el criterio para decidir si un centro es mejor que otro es el sistema de bilingüismo que implantó el PP, las cosas tampoco quedan claras. Aunque toda la comunidad educativa está de acuerdo en mejorar nuestro sistema de aprendizaje de segundas lenguas, dentro del profesorado hay bastantes discrepancias sobre si este método es el mejor. Este es el caso del Isaac Peral, un centro que ha preferido ser un centro tecnológico antes que bilingüe y que tiene el orgullo de poder decir que este año ha mejorado la media de las notas de su alumnado en un 15% y bajado a su vez el número de medidas disciplinarias. ¿Cómo lo han hecho? Supongo que la renovación del equipo directivo y el esfuerzo de un profesorado ilusionado con el proyecto educativo han tenido que ver.

Sin embargo, no siempre es fácil revertir la mala fama de algunos centros. Cada vez son más las pruebas de evaluación externas y los equipos directivos se ven muy presionados a alcanzar niveles óptimos generando una gran competición entre ellos. Pese a la masificación de las aulas, el León Felipe tiene cerrado uno de sus módulos. Este centro adquirió mala fama en su día y nunca se recuperó. He de decir que fue allí donde me estrené como docente y donde estudió mi hermano pequeño, y guardo buenos recuerdos de él. Este año se convierte en bilingüe. Probablemente así consiga que su fama cambie. Le deseo lo mejor.

Si el criterio para saber si uno ha escogido el mejor de los centros es el alumnado, parece que el Palas Atenea gana, porque es el que posee un bachillerato de excelencia. Aunque nunca entendí por qué segregar a los alumnos por sus notas. Entendería que se diseñaran programas para alumnos de altas capacidades (los antiguos “superdotados”), pues carecen de ellos y la única alternativa que tienen es la de saltarse cursos, pero no para alumnos que tan solo sacan buenas notas, con mayor o menor esfuerzo.

Si el criterio para escoger el mejor centro es el profesorado, es evidente que aquellos que pasan por duras pruebas que evalúan el nivel de conocimientos y la capacidad docente es el profesorado de la pública. Puede que para algunos haya sido fácil. (Conocí a un catedrático de griego prodigioso que daba clase en el Victoria Kent) Pero, en general, la oposición es el sistema más duro de elección de personal al que se enfrentan los docentes. No crean que los concertados o privados no tienen sus propios criterios para elegir a su personal. Una vez hice una entrevista en el C.P. Alba en la que me pidieron la nota media que figuraba en el certificado de notas de mi primera carrera. Un 6 y pico les pareció mal y no me contrataron. (Supongo que si vieran el sobresaliente de mi segunda carrera les parecería mejor, pero yo qué sé). Y en otra ocasión, me entrevistaron en el Diego Lainez. Me levanté de la mesa cuando me preguntaron por qué vivía sola si no estaba casada. Hoy, convertido en el Camino Real, me doy con un canto en los piños si consiguen pagar a sus profesores todos los meses, lo cual no hay que dar por supuesto. No crean que detesto los colegios concertados por el hecho de serlo. Guardo buen recuerdo de mis compañeras, de mis alumnos y sus familias durante los dos años que trabajé en el Bosco, pero guardo aún mejor recuerdo de mi experiencia en Las Veredillas y en el CEPA. Buen Gobernador, donde he encontrado amigos por compañeros y alumnos excelentes.

Intituto Palas Atenea

Quisiera poder terminar este artículo con un pensamiento positivo, con el nombre del mejor de los centros o la clave de la mejor de las educaciones (quizá haya que mirar más a Suecia), pero no tengo nada de eso. Imagino que los resultados de los informes Pisa mejorarán cuando seamos capaces de hacer un pacto nacional por la educación y los gobiernos entiendan que las partidas presupuestarias gastadas en educación son una inversión de país. Mientras tanto, este año, en todos los tipos de centros, se instalará la ley educativa más criticada por toda la comunidad educativa, la ley que nadie –salvo Wert- defiende, la ley de las reválidas, de la ausencia de las artes, la filosofía y la música, el mayor peso a la religión y la supresión de la educación a la ciudadanía, la ley que prima las iniciativas empresariales como competencia clave, la ley de la competitividad y de la falta de empatía. Este curso que comienza estará regido por la LOMCE sin que nadie haya podido ponerle remedio. De modo que, a los que configuran las leyes educativas en este país les recuerdo una frase de Séneca:

“Dum inter homines sumus, colamos humanitatem”
(“Mientras estemos entre los humanos, pemítanmos ser humanos”)

Sobre el autor

Ruth Grass

Profesora de lengua y literatura en Torrejón de Ardoz. Hizo Filología en la Universidad de Alcalá de Henares y Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Complutense. Es concejala por Sí Se Puede. Amante de la poesía y del teatro; piensa que en la educación está la clave de la libertad.

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